¿Qué tal vivir en un mundo en que usted sea vigilado y monitoreado las 24 horas, todos los días de su vida, como en la película "Truman Show"? ¿Rodeado de sensores del tamaño de una cabeza de alfiler- instalados en su casa y carro, en enseres y artículos de supermercado, en el taller de trabajo y en lugares públicos, e incluso incrustados en su cuerpo- que toman nota de sus más mínimos movimientos y transacciones y transmiten los datos en tiempo real a empresas y/o agencias de gobierno?
No es fantasía. Estamos en creciente contacto con sensores ocultos que miden presión, temperatura, flujo, movimiento, proximidad y hasta toman imágenes. Como consumidores y ciudadanos estamos siendo llevados a un mundo cibernético en el que gustosamente claudicaremos nuestra privacidad e intimidad a cambio de seguridad y conveniencia. Cuán inevitable y deseable sea este futuro depende de lo bien que nos eduquemos hoy, antes de que sea demasiado tarde para cambiar de rumbo.
Las principales tecnologías utilizadas para esta revolución de monitoreo son los sensores RFID y el llamado polvo inteligente. Debido a que se basan en la miniaturización, ambas están ligadas íntimamente a los avances en nanotecnología, que es la manipulación de la materia en la escala del nanómetro (una millonésima de milímetro).
El sistema RFID (identificación por frecuencia de radio), que consiste de chips electrónicos diminutos que transmiten datos, ya se están usando en comida empacada, medicamentos, prendas de ropa, zapatos, máquinas de afeitar y hasta libros. En una oficina puede haber estos chips en impresores, cajas de papel, computadoras y otros artículos.
"La mayor diferencia de estos chips con el código de barras es que la información se puede detectar a distancia, desde pocos metros hasta kilómetros (dependiendo del tipo de chip), y se puede leer a través de su ropa, de su billetera, cartera, mochila o maletín", explica Silvia Ribeiro, del Grupo ETC. "Si la compra del objeto etiquetado se hace con tarjeta, la etiqueta se 'personaliza' y queda identificada con el comprador."
Esta tecnología atrae a fabricantes, mayoristas y detallistas, pues es más conveniente que el código de barra. Procter & Gamble y Benetton fueron pioneras en su uso pero Wal-Mart fue la primera compañía en convertirlo en norma, al requerirle a sus cien mayores proveedores que la implementen. También es útil para combatir el hurto, ya que la señal que envía un chip RFID puede ser usada para determinar su localización exacta.
No es fantasía. Estamos en creciente contacto con sensores ocultos que miden presión, temperatura, flujo, movimiento, proximidad y hasta toman imágenes. Como consumidores y ciudadanos estamos siendo llevados a un mundo cibernético en el que gustosamente claudicaremos nuestra privacidad e intimidad a cambio de seguridad y conveniencia. Cuán inevitable y deseable sea este futuro depende de lo bien que nos eduquemos hoy, antes de que sea demasiado tarde para cambiar de rumbo.
Las principales tecnologías utilizadas para esta revolución de monitoreo son los sensores RFID y el llamado polvo inteligente. Debido a que se basan en la miniaturización, ambas están ligadas íntimamente a los avances en nanotecnología, que es la manipulación de la materia en la escala del nanómetro (una millonésima de milímetro).
El sistema RFID (identificación por frecuencia de radio), que consiste de chips electrónicos diminutos que transmiten datos, ya se están usando en comida empacada, medicamentos, prendas de ropa, zapatos, máquinas de afeitar y hasta libros. En una oficina puede haber estos chips en impresores, cajas de papel, computadoras y otros artículos.
"La mayor diferencia de estos chips con el código de barras es que la información se puede detectar a distancia, desde pocos metros hasta kilómetros (dependiendo del tipo de chip), y se puede leer a través de su ropa, de su billetera, cartera, mochila o maletín", explica Silvia Ribeiro, del Grupo ETC. "Si la compra del objeto etiquetado se hace con tarjeta, la etiqueta se 'personaliza' y queda identificada con el comprador."
Esta tecnología atrae a fabricantes, mayoristas y detallistas, pues es más conveniente que el código de barra. Procter & Gamble y Benetton fueron pioneras en su uso pero Wal-Mart fue la primera compañía en convertirlo en norma, al requerirle a sus cien mayores proveedores que la implementen. También es útil para combatir el hurto, ya que la señal que envía un chip RFID puede ser usada para determinar su localización exacta.
Mi resumen
Aunque se que esto no tiene que ver con educación yo si le voy a poner un giro de educación a este articulo. El articulo trata de como se están utilizando sensores para monitorear ciertas cosas en la vida, en el trabajo, en la guerra pero y que dicen de la educación. No seria interesante saber que es lo que hace un niño después que sale de la escuela, saber cuales son sus amistades, en donde se pasa y como este se comporta en la escuela. el maestro podría rastrear al niño si estuviera cortando clases o si se fugo de la escuela. Los padres podrían tener un mejor controlo sobre que hacen sus niños e inclusive los maestros sabrían si el niño sufre de maltaro en el hogar o en otro lugar. Lo que no estoy de acuerdo es que se utilizasen estos sensores para la vida personal, sino simplemente para la educación y bienestar del estudiantado.
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